Trelew “Las Malvinas son argentinas. Eso no lo tenemos que olvidar nunca” En una mañana fría en Trelew, Jorge Saldivia me recibió con unos mates en el Centro de Excombatientes. Recién acababan de irse los chicos de una escuela a quienes les dio una charla sobre el conflicto bélico. Entre charla y silencio, se fue abriendo paso una historia cargada de emoción. Él tenía 19 años cuando lo enviaron a combatir a las Malvinas. Hoy, con voz serena, revive su paso por la guerra con una sinceridad que conmueve. 01/04/2025 • 10:27 Detener audio Escuchar (Corresponsal) La mañana estaba fría en Trelew. Jorge Saldivia me esperaba en el Centro de Excombatientes con el mate preparado. Afuera, el cielo plomizo anunciaba viento. Adentro, la calidez de su mirada contrastaba con la dureza de los recuerdos. “No sé cuánto voy a poder hablar”, me dijo antes de empezar. Pero habló. Y su testimonio se volvió un pedazo de historia viva. Jorge tenía 19 años en 1982. Ya llevaba un año haciendo el servicio militar en el Regimiento de Infantería 25 de Sarmiento cuando lo convocaron de regreso. “Nos dijeron que capaz íbamos a Buenos Aires por una manifestación, y que quizá teníamos que repartirle palo a los civiles”, recuerda. Esa fue la primera mentira. La segunda llegó el 2 de abril, cuando en formación les informaron que “las Malvinas habían sido recuperadas”. “No me pude despedir de mi familia. Mandé un telegrama que nunca llegó. Ellos no sabían que estaba allá”, cuenta. El 4 de abril partió desde Comodoro Rivadavia y esa misma noche aterrizó en Malvinas. Frío, viento, oscuridad total. “Izamos la bandera a la madrugada. Fue conmovedor. Ahí entendimos que ya no había vuelta atrás.” A Jorge le asignaron un fusil FAL y un mortero de 81 mm. Su unidad debía custodiar el aeropuerto. “Dormíamos en carpas, pero llovía cada dos horas. El viento hacía que el agua se filtrara por la lona. Así que cavamos pozos. Con palas chiquitas, de a dos, armamos los pozos de zorro. Después, con madera que encontrábamos por ahí, les hicimos un techo. Encima le poníamos tierra para camuflarlos. Eran incómodos, pero más calentitos que las carpas.” Mira TambienSaúl Gherscovici: "Hay mucha bronca de los vecinos" Habla pausado, pero firme. Por momentos se emociona. Hace silencios. Vuelve. “La comida no llegaba. Estuvimos casi un mes esperando que empezara el conflicto. Ya no dábamos más del hambre. Comíamos arroz que encontrábamos tirado, fideos húmedos. Cocinábamos con agua de charcos, aunque tuvieran combustible o aceite. Era eso, o nada.” “Éramos cientos de pibes de todo el país. No sabíamos si íbamos a volver.” El 1° de mayo llegó el momento que nunca va a olvidar. “Me despertó mi compañero. ‘Pasó un avión y dejó algo’, me dijo. Era una bomba. La primera. Ahí nos dimos cuenta de que la guerra había empezado.” Desde entonces, alerta roja todos los días. Bombardeo aéreo de día, naval de noche. “No podíamos salir del pozo. Teníamos que quedarnos quietos. Aguantar.” Ya sobre el final, la situación se volvió desesperante. “Desde Monte Longdon y Sapper Hill venían soldados corriendo, sin municiones, sin descanso. Desbordados por el miedo. Nosotros teníamos que pararlos y guiarlos al puesto sanitario. Esa imagen no se me borra más.” Cuando llegó el alto el fuego, los helicópteros ingleses sobrevolaron el campamento. “No podíamos disparar. Teníamos que estar con el fusil colgado. Fue una mezcla de alivio y frustración. El sufrimiento terminaba, pero no habíamos podido cumplir con el objetivo.” El regreso fue silencioso. “Volvimos desnutridos, con frío, poca ropa. No había pasajes. Nos vinimos a dedo. Yo tuve suerte porque un comerciante me trajo desde Sarmiento. Los de Córdoba tardaron semanas en llegar a sus casas.” Mira TambienRecomendaciones agroforestales para recuperar los suelos patagónicos Cuando finalmente regresó a Trelew, su madre lo abrazó y rompieron en llanto. “Mi viejo pensaba que estaba muerto. Nadie le avisaba nada. El Estado nunca se hizo presente.” Durante años, Jorge no habló de la guerra. “Me molestaba que me pregunten. Me fui a trabajar a Madryn. Estaba cerrado, choqueado.” Con el tiempo, se reencontró con otros excombatientes y comenzó a participar del Centro de Veteranos. “Eso nos salvó. Donde no hubo centros, hubo más suicidios, más adicciones, más muerte. Malvinizar es contar lo que pasó. Que los pibes de hoy sepan.” Antes de terminar la charla, Jorge me mira fijo. Su voz se vuelve un susurro firme: “Las Malvinas son argentinas. Eso no lo tenemos que olvidar nunca. Más allá de cómo se perdió la guerra, ese reclamo no se puede abandonar.” Jorge me alcanza el último mate. El viento afuera sigue soplando. En sus palabras hay dolor, pero también dignidad. Jorge no solo es un veterano. Es un testigo. Es memoria viva. Y escuchar su historia es, también, un acto de justicia. Temas trelew veterano de Malvinas Chbut Jorge Saldivia 300x250x6300x250x7300x250x10300x250x12 Lás más leídas en Info General 1 Guías de turismo convocan a una Marcha Federal en defensa de los parques nacionales Santa Cruz 2 Desentierran una pirámide tallada a mano en un desierto donde habría estado Jesús Santa Cruz 3 Yanet Costilla: "No quiero que le pase a nadie más" Santa Cruz 4 Provincia organizó el Seminario-Taller “Cultura, Territorio y Gestión” Santa Cruz 5 Paulo Ortiz indicó que la nueva ley de tránsito atenta contra la seguridad Santa Cruz